30 abril 2013

Premio: Blogger Muy Inspirador.

Cuando me enteré de que a mi blog le otorgaron el Premio Blogger Muy Inspirador estaba haciendo planes para almorzar, de la emoción que tuve se me quitó el hambre, *carcajadas*. No pensé que fuera a recibir un reconocimiento tan pronto, fue una total sorpresa y me incentiva a seguir adelante con la pasión de la escritura. 
¡Mil Gracias a Orlando García!, los invito a que pasen por su blog y se deleiten con la lectura. 


Los requisitos para el premio son: 
  • Agradecer a quien te lo ha otorgado.
  • Escribir siete frases acerca de ti.
  • Conceder el premio a cinco blogs que te gusten y avisar a los bloggeros

7 Frases sobre Mí 
  1. Los gatos dominarán el mundo.
  2. Mi danza es otra de mis formas de escribir.
  3. Romántica vencida.
  4. Mi café sabe a redención 
  5. La inmortalidad engaña a la literatura con la fotografía.
  6. ¡Canadá!
  7. Absorta en mis fantasías. 
Los blogs a los que les otorgo el premio son: 
  1. Las doce Frambuesas. http://doceframbuesas.blogspot.com/
  2. Planeta Oscuro. http://oscuroplaneta.blogspot.com/
  3. Pequeña Soñadora. http://lucyariav.blogspot.com/
  4. Sergio Gonzales. http://miconflagracion.blogspot.com/
  5. Cristal de bohemia. http://cristaldebohemia.blogspot.com/ 
¡No se olviden de echarles un vistazo! Un saludo a todos y todas. Una vez más mil gracias. 

23 abril 2013

El círculo de las capuchas negras.

La noche estaba fría, ni una sola nube se encontraba en el cielo, las estrellas se veían a lo lejos dando un gran espectáculo. Caminaba justo al medio de la calle, no había tráfico lo cual me pareció extraño. Miré el reloj y ya casi daban las tres de la madrugada. Caí en cuenta de que quizás por eso no había tráfico. Mis pantalones negros hacían juego con mis aretes y mis botas grises con el suéter blanco que llevaba, la capucha gris sobre mi cabeza hacía que resaltara en esa noche tan oscura. Las luces amarillas de los postes de luz bañaban la oscuridad a chorros, pequeños círculos de luz se dibujaban en el asfalto, el espacio que separaba cada poste formaba una oscuridad entre cada círculo y cada vez que pasaba por ella sentía como un escalofríos recorría el camino que era mi columna vertebral. Escuché voces a lo lejos, caminé aún más rápido para darme cuenta de que me encontraba sola en esa calle tenebrosa. La neblina comenzó a bajar, espesa y silenciosa se enredaba entre mis piernas y me nublaba la visión, ya no sabía hacia donde iba. Podía sentir latir mi corazón en los oídos, el miedo se estaba apoderando de mi, mi boca se secó y comencé a hiperventilar, ya no caminaba, ahora corría, sudaba por toda mi frente y un hueco en el estómago me hizo sentir un gran vacío. Me detuve ante una voz que me susurró, la voz suave y graciosa de una mujer que me pedía dulcemente que la acompañara. Cerré los ojos para no ver si se trataba de un espanto y me volteé hacia la dirección de la voz femenina. Pude sentir como una mano cadavérica y fría tomó la mía. -Abre los ojos- me dijo aquella mujer, la curiosidad fue más grande que el pánico y al abrir mis ojos observé un círculo de personas con capuchas negras, no podía ver sus ojos, pues la longitud de la capucha cubría gran parte de su rostro dejando sólo al descubierto de la nariz hacia abajo. El círculo parecía estar rodeando un objeto, como queriendo protegerlo, o quizás solo observarlo. Caminé tres pasos hacia el círculo y uno de ellos me tomó bruscamente del brazo para tirarme dentro del círculo, grité. Me llevé las manos a la boca para no gritar, la mujer que me hablaba hizo presencia física y vi cuencas profundas en lugar de sus ojos, sin embargo sentía que me miraba desde la profundidad de aquellas cuevas negras. Ella me sonrió, sus dientes estaban desgastados y amarillos, sus labios rotos y resecos, su rostro delgado pronunciaba sus pómulos huesudos. Me quedé absorta mirando aquella mujer de largos cabellos negros y ella a mí. El círculo se cerró aún más y yo esta vez tapándome los ojos, me obligaron a voltearme para ver lo que allí ellos velaban. Entre todos me tomaron bruscamente de los brazos y de la cara sintiendo como sus huesudos dedos fríos me abrían los párpados con violencia para que no pudiera negarme y entonces la vi. 

Era yo. Muerta, envuelta entre sábanas negras, las capuchas negras me liberaron y entonces comenzaron a danzar alrededor de mi cádaver. Grité de horror hasta que mis ojos se tragaron así mismos quedándome en la completa penumbra. Miré al cielo pidiendo clemencia, fue entonces cuando comenzó a llover pequeñas gotas de sangre.